¿Qué hay detrás de querer ser buenos padres? ¿Cuál es la base para ello?

«Deja de molestar», «Los niños buenos no hacen esto», «¿Te parece normal lo que haces?«, «Estas cosas no se dicen», «Mira Maria como se comporta». ¿Te suena alguna de estas frases? ¿Se te activa alguna sensación al leerlas? Bien. Aquí empieza la creación de toda nuestra sombra inconsciente. Comienza el proceso de dejar de ser el ser único y auténtico que somos para convertirnos en «el que debemos de ser» para nuestro entorno.

Vamos escondiendo esas partes de nosotr@s mism@s que asociamos a no ser aceptados y queridos, a no ser merecedores del amor de los nuestros. En nuestro proceso de desarrollo, no tenemos la conciencia de comprender que estos mensajes son réplicas y proyecciones inconscientes de los emisores. Ell@s no son conscientes de los efectos de estas palabras ni frases, de echo, la intención en el fondo es positiva, es protegernos para no ser rechazados, para adaptarnos al entorno cultural, social y familiar.

Nadie nos enseña esto. Nadie nos explica que tenemos dos mentes y que el 95% es la inconsciente. Nadie nos enseña que nuestras palabras son el reflejo de nuestros significados, programas y creencias adquiridas desde que nacemos, e incluso mucho antes. Y que todo ello esta sujeto a nuestras emociones, las cuales se manifiestan en nuestro cuerpo, ese del cuál estamos totalmente desconectados y que usamos como objeto en vez de como mensajero cómplice. Tratan de enseñarnos muchas cosas, pero olvidan la base: de qué estamos formados, cómo funcionamos, qué y cuánto poder tenemos dentro y quién somos más allá de lo que «deberíamos de ser».

He trabajado con muchos padres, de echo en Nueva York, estuve 10 meses intensos observando, investigando, mediando y aplicando con ellos. Tod@s quieren ser los mejores padres del mundo para sus hijos, y tras esta buena intención, transmiten constantemente el miedo a no hacerlo bien, la vergüenza del que pensarán y qué dirán, el enfado y la frustración de no conseguir sus expectativas, el auto abandono y auto rechazo constante por culparse día tras día de no saber hacerlo mejor. Bien, ser madre o padre no viene con un manual de instrucciones y sinceramente ser hija o hijo tampoco.

Desde que soy pequeña, escribía una frase repetidamente en mis diarios: «mis padres no han ido a la escuela de padres». Cuando lo leí por primera vez me hizo muchísima gracia. Después de leerlo más de 100 veces y en pleno viaje de auto sanación y auto conocimiento; entendí que quería decir esa pequeña niña. ¿Cómo van a enseñarme a mí algo que ellos no saben? ¿Cómo van a enseñarme algo que ellos no aplican? ¿Cómo iba yo a tomármelo enserio si sus palabras y su ejemplo pertenecían a dos planetas o galaxias distintos?

Hay muchísimos libros, cursos, charlas, tips, consejitos del manual «consejos vendo y para mí no tengo» de como ser «buenos» padres, de cómo educar a nuestros hijos, de tipos de educación y un interminable repertorio. Pero, como siempre, construimos castillitos en el aire, sin base. ¿Me quiero a mi mism@? ¿Me conozco? ¿Me acepto tal y como soy? ¿Me cuestiono lo adquirido? ¿Me trabajo constantemente? ¿Libero y gestiono mis emociones? ¿Sé lo que me gusta y lo que no? ¿Soy fiel a mi esencia? Solo así podemos enseñar. No podemos acompañar y guiar a dónde jamás hemos estado.

La educación empieza por uno mismo. Para ser padres, primero, empecemos el camino que olvidamos al ser niños.

Padres conscientes, hijos felices.

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