¿Por qué sentimos que nuestra mente y nuestro corazón nos piden diferentes cosas? Descondiciónate ya y vive tu vida

¿A quién hago caso? Una pregunta que no solamente he escuchado en la mayoría de mis clientes, por no decir todo/as, sino que me he hecho a mi misma repetidamente. El corazón me dice A pero la cabeza me dice C, P y hasta Z. Bien, ¿Es esto cierto? ¿Realmente tenemos dos partes dentro nuestro que función a su son? He trabajado mucho en esta cuestión, y no solo yo, muchos neurocientíficos, filósofos, terapeutas, doctores, psicólogos y demás profesionales están de acuerdo que no somos partes separadas, sino la suma del todo. Por tanto, ¿Por qué creemos sentirnos así? ¿Por qué creemos tener dos partes incongruentes dentro de nosotr@s?

La verdad es que nuestra percepción de lo que vivimos, lo que pensamos y lo que sentimos no es más que un reflejo inconsciente; como yo he comentado en varios posts. Nuestro inconsciente tiene almacenada toda la información que actúa como patrón de comparación con todo lo que vamos experimentando día tras día, es decir, que el significado que damos a lo que vivimos hoy está asociado a lo que vivimos en nuestro pasado.

Nuestro inconsciente está compuesto por nuestra historia familiar, la cultura y sociedad en la que vivimos, nuestro lenguaje, nuestra educación, nuestras experiencias vividas y por supuesto los programas evolutivos de nuestra queridísima biología. Por tanto, nuestro mundo no es más que una interpretación basada en nuestra supervivencia, nuestra adaptación al entorno. ¿Entonces, hay una parte nuestra que quiere nuestra supervivencia y la otra no? Esa fue una de mis preguntitas.

Muchas de nuestras creencias, programas, deducciones, generalizaciones e interpretaciones están más caducadas que el sistema educativo y la política juntos. Nos sirvieron en su momento, sí; pero ahora nos limitan. La base de todo ello es que seguimos siendo esos niños dependientes emocionalmente hablando. Desde pequeños se nos ha enseñado, o mejor dicho, impuesto y adoctrinado, con el «deber de» para formar parte del rebaño, y de este modo, vivir bajo el miedo a la soledad, el rechazo y la culpa. Aunque todos somos cada vez más conscientes de la infelicidad y amargura extendida socialmente, seguimos creyendo en estructuras, estándares de felicidad. El caminito predeterminado para vivir.

Por tanto, aunque nuestro dolor, malestar, insatisfacción y nuestro sentimiento de estar más perdid@s que google maps nos estén alarmando de que este condicionamiento con el que nos educaron desde pequeños está obsoleto y no funciona para nosotr@s; seguimos sintiéndonos incapaces de separarnos emocionalmente hablando de lo(s) que nos rodea.

Vivimos con tanto miedo que el miedo vive por nosotr@s. Hoy pero, la responsabilidad de transformar esto, es nuestra. Ahora somos adultos, pero seguimos siendo esos niños que se quejan de lo que vivieron, de lo que les impusieron, y continuamos esperando a que alguien o algo nos salve. Y por muy de moda que se ponga el desarrollo personal y las millones de terapias, disciplinas y filosofías que lo acompañan; nada ni nadie puede elegir vivir libremente por ti.

Este caos de incoherencias en el que vives, este tira y afloja, esta gran contracicción interna; no es más que el fruto de seguir aceptando el condicionamiento para así sentirte querido y aceptado. ¿Funciona? Mi experiencia me dice que no. ¿Entonces qué podemos hacer? Bien. Mi CONCLUSIÓN hace años fue que si la base de mi condicionamiento era buscar el amor y la aceptación fuera, sería siempre esclava de alguien. Si mis PARA QUÉ respondían a terceros, estaba condenada a sufrir. Por tanto, EMPECÉ A DARME TODO AQUELLO QUE BUSCABA FUERA. Empecé a pasar tiempo conmigo. Tiempo de verdad. Sin ninguna distracción, ningún parche. Nada. Física, emocional y energéticamente conmigo.

Y sí, dolió. Dolió muchísimo. Sentí un abandono interno inmenso, un miedo al rechazo descomunal y un sentimiento de no valer, de no ser «lo que se supone», de rara, egoísta, en definitiva, una culpabilidad sin precedentes. Eso pero, era mío… estaba dentro de mí. Poco a poco fui liberando y lo sigo haciendo, pero hubo algo que cambió drásticamente en mi vida. Empecé yo a elegir por mí. Empecé a elegir por aquello que a mí me hacía vibrar, aquello que a mí me sumaba, me hacía sentir vivÍa y sobretodo agradecida día a día por estarlo y tener la oportunidad de exprimirlo cada 24h.

Así que, TU DECIDES… o te sigues quejando por tu hambre emocional, tu hambre y sed de amor por esperarla del exterior, o empiezas de una vez a ser tú la fuente de la que beber día tras día, porque solo esta, solo desde aquí, fluirá todo lo demás.