Cartas de mi yo pasado a mi futuro y presente. ¿Cómo vives tú tu aniversario?

2 de Abril, mi aniversario.

No siempre fue un día especial. De echo, más bien lo contrario. Sabía que a la vuelta de la esquina me esperaba ese vacío interno tan y tan doloroso que acababa siempre asomándose al siguiente día, o a veces, en el mismo. La decepción solía estar ahí presente. El miedo al enfado de alguien de los míos por no dedicarle el tiempo que él/ella considerase en mi día, también. Los dulces tan temidos por mí y mis súper hazañas con la comida y el cuerpo durante años estaban ahí, en primera fila. La incomodidad de no saber poner otra cara frente a regalos que no me gustaban, se unía a la causa. Y, por supuesto, el amor en cantidad de much@s que esperaba no aparecía y de otr@s demasiado de golpe.

Así viví mi cumpleaños muchos años. A los 13 decidí copiar algo que hacía mi padre cada año en su aniversario. Dedicarse horas a él mismo, solo. Yo, le añadí mi parte. Me empecé a escribir cartas que abriría sola conmigo en mi siguiente cumpleaños. Cartas en las que hablaba de como había ido el año, de que aprendizajes me habían traído mis ensayos y errores o comúnmente llamados, fracasos. Mis dolores, mis alegrías, mis miedos, mis objetivos, mis pensamientos y sentimientos, mis sensaciones, mis reflexiones más y más profundas.

Cada año, me sentaba 4 horas antes de medianoche. Cerraba los ojos y respiraba. Luego, leía la carta. Mi carta. La carta que la Ingrid del pasado había escrito a la Ingrid del futuro; presente ese día. Tomaba consciencia de muchísimas cosas. Una pero, se repetía año tras año: «Todo lo aprendido era consecuencia de experiencias de ensayo y error. Siempre aprendía de mis equivocaciones. Ellas, eran las lecciones más valiosas que había recibido nunca». Empecé sin darme cuenta a cambiar la forma que tenía de ver mi cumpleaños, y aún más profundo, mi vida.

Cuando me levantaba, me abrazaba. Me iba al espejo y me decía: «Atenta hoy a ti amor. Observa lo que más te mueve. Observa lo que te suma. Lo que te resta. Observa lo que te llena de alegría y lo que te enfoca las heridas que aguardas en el interior. Hoy es un día en el que puedes parar contigo 100%. Recoger información. Sentirte en profundidad. Compartir y compartirte. Hoy vive al máximo y recuerda que este día no tiene porque solo ser hoy» Sigo diciéndome lo mismo casi. Un día dónde me observo más que nunca porque la emoción está a flor de piel, y aunque culturalmente nos han enseñado a aprender de memoria, aprendemos con el corazón.

Me fui dando cuenta de que todo ocurría por un motivo y razón, todo podía servirme. Las maneras de reaccionar ante cualquier situación eran infinitas. Siempre tenia posibilidades. No había fracasos, solo resultados. Sin darme cuenta, año tras año, fui asumiendo por fin la responsabilidad de mi vida. Me di cuenta de que esta, era un juego, un juego que no era necesario entender del todo, tan solo servirse de él y servir con él. En el fondo, todo era un entrenamiento, un crecimiento personal, un profundo autoconocimiento. Ese, fue, es y sigue siendo mi mayor éxito. YO, CONMIGO.

Hoy, es el primer año que cumplo y que no puedo ir a mi playa, sentarme conmigo y escribirme para mis 28 años que haré el año que viene. Lo haré esta noche en mi cuarto. No sé todo lo que me va a salir de dentro, todo lo que voy a decirme. Solo hay una cosa que tengo muy clara. Estando confinada me he dado cuenta que no hay ningún lugar como yo. Estoy en casa si, claro. Pero CASA SOY YO. Este dónde esté, con quién esté y haciendo o no lo que sea. Hoy en mis 27 años que cumplo, doy gracias por haber tomado esa decisión hace casi 15 años ya de escribirme a mí. Hoy, me leo, me abrazo y me sigo deseando a mí. Vivir. Experimentar. Lo que sea, como sea, desde donde sea… pero que sea desde, para y conmigo.

Gracias 26 y adelante 27; tengo muchas ganas de ti.