¿Qué hay detrás del coronavirus? Lo que nadie te cuenta

¿Y ahora qué? Tengo miedo. ¿Qué va a pasar ahora? 
Podría resumir así mi última semana. En todas las sesiones, el miedo ha sido el protagonista. Algunas de las personas que acompaño empezaron utilizando el orgullo como respuesta a la situación, a través de la risa o bien a través del enfado y la indignación. La mayoría estaban en drama. Y todas acabaron en el miedo de la incertidumbre. Bien, tras una semana, parece que han entendido que disponen de las herramientas y los recursos para saber y aplicar la certeza que está dentro de ellas. 

Yo hacía ya tiempo que no me sentía tan poderosamente conectada conmigo. En una sociedad acelerada, de repente todo había parado. El bioritmo había disminuido drásticamente. La excusa mundialmente extendida de “no tengo tiempo” se había fugado y nos habíamos convertido en presos de nosotros mismos. Nos sentíamos encerrados entre cuatro paredes y aunque algunos “por suerte” contaban con salidas de patio o terraza, su mente seguía haciéndolos sentir encarcelados. Al fin de cuentas, todo lo vivían desde sus pensamientos, sus representaciones internas, su fisiología y como consecuente su estado. 

Nunca hubiera pensando que fuera a través de un virus de contagio global, la verdad, pero había llegado. La resistencia y la lucha constante del sistema (tanto colectiva como individualmente) contra el cambio, estaba petando poco a poco, aunque más rápido de los que creían tener el control para parar la única constante de la vida: la metamorfosis, el cambio. El detonante ya estaba aquí. Muy pocos eran conscientes de que el mundo, tal y como lo conocían hacía tan solo días atrás, nunca más existiría. Estábamos inmersos en una depuración masiva y global que hacía ya años que gritaba en silencio. 

La negación de lo que estaba pasando se alargó hasta que el miedo se convirtió en pánico. Era la primera vez en mi vida que veía manifestada tan claramente la enfermedad social. El virus, definitivamente, se estaba coronando. Toda la mierda interna, escondida bajo las cloacas de los sistemas de poder político, económico, cultural, social y obviamente su reflejo en lo familiar e individual, se estaba destapando. Ahora las sombras, al fin, salían a la luz. Estábamos en el inicio de la transformación. 

Cada uno de nosotros estaba manifestando todo aquello que anclaba en su interior. Tapado por un estrés como forma de vida crónica, una prisa sin ahoras, un hacer sin ser, una desconexión en forma de conexión, distracciones múltiples, negaciones emocionales, huídas y parches, cada cuál más profundo. No había ya escapatoria. Estábamos forzados a pasar días con todo eso que llevábamos años ocultando dentro de nosotros. 

El miedo, el pánico, el enfado, la ira, la montaña rusa emocional, la tristeza, la depresión, la ansiedad, el desamor, la dependencia emocional, el auto rechazo, el abandono propio, la culpa, la neurosis, la paranoia…  estaban empezando a asomar la cabeza, mientras nosotros lo hacíamos en las redes sociales, el balcón, la caja tonta y las videollamadas. De todo; menos encerrarnos con nostros. Y eso, era lo que más me aterraba a mí… la falta de consciencia.

El virus desató la enfermedad interna de cada uno de nosotros. Quebró empresas. Reventó las bolsas en todo el mundo. Todo se volvió volátil. Muchos puestos de trabajo quedaron obsoletos. La deuda ya era insanable. Una inflación sin precedentes estaba a la punta de la esquina. Todo, a una velocidad de vértigo y a un efecto mundial. Incluso, algunos habían logrado la independencia que tanto anhelaban. Otros, por fin podían trabajar desde casa. Muchos, compartir más tiempo con sus hijos y su pareja. 

¡MENUDO PROCESO DEPURATIVO! Era la muerte de una estructura ya sin pilares para ser sostenida y consecuentemente el renacimiento, por urgencia. No había marcha atrás, pero infinitas por delante. Estábamos frente a un momento donde el apoyarnos, el compartir información veraz y aquella que pudiera ayudar a las personas a sentirse mejor, a conocerse mejor, a superar pensamientos negativos y a encontrar la calma; eran la única salida. Las distracciones debían volverse positivas: formaciones, retomar proyectos, retos en equipo, deporte, pasiones a la luz. En vez de caer en el pánico debíamos caer en el único pozo con salida: nosotros. Para ello, la clave, eran las preguntas.

¿Qué estábamos aprendiendo de todo esto? ¿Cuáles son las cosas que día a día dábamos por sentado y que no queremos seguir dando por sentado? ¿Qué refleja todo lo que está pasando en mí? ¿En qué momentos me hundo en un estado emocional “negativo”? ¿Cómo consigo salir de él? ¿En qué momentos irradio energía positiva y poderosa? ¿Qué me suma? ¿Qué me pide mi cuerpo? ¿Qué valoro ahora que ya no tengo/puedo hacer o ser? ¿Qué nuevas alternativas tengo por delante? ¿De qué dispongo ahora que antes no? ¿Qué quiero hacer ahora que antes, por tiempo, no podía?

Bien, ahora es el momento. Ahora vas a sacar fuera fuerzas de ti mismo que no sabías ni que tenías. Ahora es el momento de saber qué y cómo te sientes mejor y más conectado contigo, porque este, es el principio y el final de todo. Lo único que va a evitar que caigas en el caos que provoca la paralización del miedo, es poner la atención a ti. Y todo, por fin, está a tu favor. Depende absolutamente de ti querer verlo o no. Depende 100% de ti qué hagas con lo que sucede, porque lo que sucede es pero lo que hacemos con ello es lo que somos nosotros.

No te queda otra. Es el momento de que descubras quién eres. Toda crisis crea brechas, y toda brecha, abre nuevos caminos y senderos. En estos momentos, la rutina ha dejado de servirnos como guía y no nos queda otra que optar encontrar otra nueva, otra que nos sirva, que hable y dependa de nosotros, que esté en coherencia con lo que pensamos, sentimos y queremos, que lleve nuestro nombre, nuestra esencia y no el condicionamiento amamantado desde que nacimos. 

Y este es el mensaje que me gustaría transmitir. Un mensaje que contrariamente al miedo y al pánico paralizador que se está propagando, nos haga reflexionar, cuestionar, reconstruir, reeducar, y conectar de una vez con nosotros mismos. DESPIERTA. Ya no estamos anestesiados ni medicados en un ritmo frenético de hacer sin parar con nosotros. Siéntate contigo. Estás en un momento histórico, un momento de reinvención, de explosión creativa, innovación y millones de oportunidades. Un momento en el que se ha despedido hasta nuestra zona de confort.

Bienvenidos a vosotros mismos. Bienvenidos a este nuevo cambio permanente y esta necesidad de liberarnos, de aprender a desaprender, de empoderarnos, de responsabilizarnos del cambio tanto colectivo como individual. No tengamos miedo del proceso. QUE NAZCA LO NUEVO, que cada uno seamos el cambio que hace décadas gritamos que queremos ver, responsabilicémonos de ello y ganemos esta batalla interior juntos “por separado”.

Que salga lo peor y encuentre lo mejor de cada uno de nosotros. 
Somos, sois únicos, únicas.
Bienvenidos/as a nuestra metamorfosis.

¿Qué pasaría si pudieras cambiar tu mente desde hoy? Transforma el mapa de tu vida

Cuando leí la frase no entendí mucho en ese instante, la verdad, pero tuve la sensación de haber descubierto una de las claves de mi proceso de cambio: «Tus palabras son la prolongación de tus pensamientos». Seguí leyendo curiosa y entusiasmada. Sentía como si estuviera a punto de encontrar un tesoro; y así fue. Ese día mi vida dio un salto olímpico.

Mi forma de hablar era el resultado de la estructura de mi mente, mi mapa mental; y a la vez, a través de mis palabras, podía estructurar mi mente. Además, sabía que mis comportamientos, mi forma de relacionarme con el mundo y mis reacciones emocionales; eran derivadas de mi forma de percibir el mundo, es decir, de mi estructura interna inconsciente.

Tardé minutos en abrir una hoja de word i escribir todas esas ideas, creando como siempre pequeños esquemas estructurados que me ayudaban a no perderme en millones de inputs de información. Descubrí la PNL y me embarqué en un intenso viaje con ella. Apliqué todo en mí; esa era la principal base de mi compromiso conmigo y la llave de convertirme en la creadora de mi vida.

Me dediqué meses a observar mis palabras. Me convertí en un pájaro que volaba consciente a mi lado, atento a cada disparo inconsciente de mi mente, no solo verbal, sino corporal y silenciosamente. A veces, mis silencios hablaban más que cualquier constructo en forma de palabra. El diálogo interno era una píldora de sabiduría constante. ¡Madre mía como me hablaba! Mi comunicación interna era la base de cómo me comunicaba, percibía y vivía mi mundo «externo».

Me apuntaba todo. Cada palabra, cada generalización, cada suposición y hasta cada movimiento y mutismo. Con la práctica, práctica y más práctica desarrolle una comprensión y dominio de mi estructura, mi mapa. Conseguí tomar consciencia de las actitudes, procesos, creencias, valores y acciones que sostenían mis experiencias, mi vida.

Una de las frases que más me repetía fue la de Korzybsky: «El mapa no es el territorio». Es decir, que no percibimos la realidad sino que la construimos a través de lo que nos aportan los sentidos, que filtrados por nuestro sistema neurológico, son reestructurados para crear eso que llamamos realidad. En el fondo pero solo es nuestro mapa, la interpretación creada por nuestra propia mente de lo que percibe y selecciona a partir de nuestras experiencias de vida junto con las creencias, programas evolutivos, valores e intereses heredados, nuestro entorno más cercano, familia y cultura.

Nuestro mapa único y personal es muy útil para poder vivir, pero pasa a ser una jaula cuando creemos que es la realidad, cuando no entendemos que hay tantos mapas como personas en el mundo. Por tanto, regirnos por él es limitarnos, vivir condicionados y sobretodo obviando las miles de posibilidades más que existen.

Mi vida cambió cuando empecé a trabajar para transformar mi mapa en uno más flexible, abierto a percibir el mayor número de opciones y perspectivas posibles. Cambió cuando fui trabajando con cada una de mis creencias, con mi súper diálogo interno y empecé a usar mi imaginación para crear miles de oportunidades donde antes solo había una o ni eso. Me dediqué a crear un mapa que jugara a mi favor, que me potenciara y acercara a ser, hacer y tener lo que quería. Sentí que cada vez disponía de más recursos, de más herramientas y claves que generaban en mí confianza, autoestima y sobretodo poder personal.

Desde que nacemos, incluso mucho antes en nuestra caverna platónica de mamá, hemos ido programando estrategias esenciales y útiles en un momento dado, pero que tras haber caducado su intención positiva del momento, lo más probable es que nos estén limitando. Tú tienes el poder de transformar tu mapa. Hay muchísimas técnicas y ejercicios muy sencillos, pero te aseguro que empezando por tomar consciencia, es decir, poner atención a tu forma de hablar contigo y los demás, tu vida no volverá a ser la misma.

Embárcate en este viaje. Solo necesitas abrir la mente y observar. Conviértete en tu ciencia y transforma tú tu vida.

¿Qué es para ti la felicidad? ¿Existe?

Era un curso intensivo de como hacer de tu pasión tu profesión y lo último que me imaginaba era que el primer módulo me hiciera cuestionarme el trasfondo de todos mis objetivos. La primera pregunta ya hizo que me quedara unos instantes sentada en el sofá pensando. Me levanté en silencio. En blanco. Me prepare un té, puse incienso, encendí unas velas y me volví a sentar en el sofá.

¿Qué es para ti la felicidad? Un año antes hubiera escrito cualquier cosa que me sonara al respecto, cualquier creencia, valor o programa de mi inconsciente u opinión educacional producto de mi condicionamiento no cuestionado. No fue así. Hacía tiempo que estaba comprometida conmigo misma, embarcada en mi viaje de autoconocimiento y desarrollo personal; al cual puse el título afirmativo de «Yo soy responsable de mi vida».

La primera respuesta que me salía era en forma de pregunta ¿Existe? Entonces, después de leer una vez tras otra la pregunta, sonreí. Como todos los constructos, todas las palabras, tenía un significado atribuido, pero a esas alturas ya sabía que este era único y diferente para cada persona, según su percepción e interpretación. Entonces, suspiré. Tuve uno de esos «EUREKA» que sentía en forma de escalofrío por mi cuerpo, sensación de expansión en mi corazón, sonrisa en mi cara y apertura de mente.

Para mi la felicidad era exactamente esto que acababa de vivir. Una sensación de paz, de amor, de agradecimiento y de estar conmigo, en mi centro, ahora. Menuda definición me marqué. Entonces, no era algo que pudiera conseguir, no era una meta, era un estado. En voz baja afirmé «Yo soy responsable de mi vida»… «Yo soy responsable de mi estado de felicidad». Me abracé. ¿Cómo podía entonces sentir, vivir en ese estado? Volví a leer mi definición. Observe atentamente, como en un estado flotante ese pequeño esquema que había dibujado. Rodee la palabra ahora.

Ese momento fue uno de los más intensos, reveladores y revolucionarios de mi vida. Mis metas se reducían en momentos de ahora y eso era la vida, no un fin sino un camino. Ese día decidí entrenarme en estar el máximo tiempo posible consciente del ahora; ese día me sentí más empoderada que nunca. Cada segundo tenía la oportunidad de vivir, de ser feliz. La oportunidad de cambiar mi vida para siempre.

Os recomiendo haceros esta pregunta y encontrar vuestra respuesta. También que leáis uno de los mejores libros de mi vida «El poder del ahora» y sobretodo que practiquéis aunque sean tan solo cinco minutos al día el silencio con vosotr@s, o como socialmente lo llaman, la meditación.

Cada uno decide en cada momento de su vida, de su día a día, dónde pone su atención. Ponla en ti.