Descubre como salir de la epidemia social colectiva más expandida: «NO SÉ»

«No lo sé» es una de mis respuestas favoritas. Detrás de ella hay tanto por descubrir, autoindagar y conocer, que conlleva a un gran proceso de autoconocimiento y desarrollo personal y al mejor resultado existente; el empoderamiento. Fue durante años mi contestación automática y es la ganadora por goleada la de las personas a las cuales acompaño y formo.

¿Qué hay detrás del famoso «No sé»? Lo primero y para mi básico, una desconexión total con un@ mism@. Un autoabandono muy pero que muy profundo. Es el resultado de no saber nada o casi nada de cómo funcionamos y de qué estamos formados. Compramos desde pequeños la creencia que «los problemas se resuelven pensando, encontrando soluciones» y esto nos desconectó totalmente de los otros planos que tenemos: emociones, vitalidad/energía y cuerpo. Pensando y pensando nos metemos en ruedas de mentes imparables, de insomnio, de dolores de cabeza y bloqueos.

Llegamos a un punto que tenemos tanto y tanto dentro sin resolver que nuestra vitalidad empieza a verse afectada viviendo estados de tristeza sin motivo concreto y lógico aparente, de cansancio generalizado y somatizaciones en el cuerpo como ansiedad, nerviosismo y dolores varios como por ejemplo en nuestra espalda. ¿Y que hacemos al respecto? Seguimos intentando erre que erre solucionar desde la mente algo que está en nuestro plano emocional. Seguimos culpando a situaciones y personas de nuestro pasado y repitiendo y arrastrando en nuestro presente.

Nunca olvidare el día que me propuse investigar más allá de mi mente. El día que decidí hacer frente a uno de mis mayores miedos en aquel entonces: el dolor. A esas alturas de mi vida, ya había profundizado todo lo que pude y más en mi mente, en como funcionaba, como trabajarla y desprogramarla. Aún así, seguía muchísimas veces cayendo en los mismos estados de insatisfacción, tristeza, malestar y sentimiento de estar perdida en mi vida. Entonces, fue cuando en pleno momento de llanto desconsolado que tenia por nombre principal «No sé que me pasa» «No sé qué debo hacer ya» «No sé si tengo solución» «No sé, no sé y no sé»; decidí estirarme en el jardín y conectar plenamente con mis emociones.

¿Como me siento? Salió el «No sé» súper programado como resistencia de mi mente con la intención positiva de que no sufriera unas cuantas veces. Empecé a respirar profundamente. Quería conectar con mi cuerpo como lo hacía en mis meditaciones. Fue espectacular el ping pong de sensaciones que empecé a sentir. Apareció el miedo y me permití por primera vez sentirlo sin que mi súper orgullo saliera como guerrero protector a la voz de «¿Tú? ¿Miedo tú? ¡Venga ya!». Este guerrero interno había sido mi principal aliado de protección para no sentir, para no sufrir; pero también me había llevado a la frialdad, a la constante defensiva, a la desconexión con muchas personas y al aislamiento.

Descubrí tanta «mierda» interna… tantas negaciones emocionales y emociones reprimidas detrás de mi gran compañero «No sé»; que supuso un antes y un después en mi vida. Cada vez que me escuchaba esta palabrita sabía que «No quería saber, que estaba tapando algo» e inmediatamente me ponía a sentirlo. La verdad, es que alguna vez sigue apareciendo, sigue probando recuperar su control en mi, como forma de ego y sombra. Yo, pero, soy muy consciente de ello, y me limito a sonreír y a darle las gracias por el chivatazo de que ahí hay trabajo aún.

El «No sé» nos quita todo el poder. Nada ni nadie puede saber mejor que tú lo que te sucede, lo que sientes, lo que almacenas, lo que se te ha detonado, tus sensaciones.
Conecta contigo antes de que el «No sé» mundialmente extendido acabe fijándose en cada poro de tu piel y te unas a una de las epidemias sociales colectivas más explayadas que hay: «no sé quién soy, no sé que quiero, que me gusta, a dónde voy». El sentimiento de estar perdid@s en nuestra vida.

Si sabes. Claro que sabes. Ahora, ¿Quieres realmente afrontarlo? ¿Estás dispuest@ a dejar de sufrir? ¿O todavía no duele lo suficiente? 

El dolor no está ahí para hacerte sufrir sino para moverte.

Si no sanas estás condenad@ a vivir el pasado cada día

Me negué durante meses a trabajar esa parte de mi vida. Era posiblemente la resistencia más fuerte que tenía en mi camino de auto sanación, auto conocimiento y desarrollo personal. ¿Porque debía perdonarlos? Para mí eran la causa de todo mi dolor. Perdonarlos, dejarlos de culpar por todo lo que había vivido y vivía significaba para mí hacer frente a toda esa rabia que tenía dentro, que sin proyectarla y culpar a ellos, la sentía indiscutiblemente parte de mí. Eso, me aterrorizaba.

En todas las formaciones que hacía y con todos los «maestros» que trabajaba, salían siempre ellos, como base de la base de mi dolor. Aún así me negaba profundamente a trabajarlo. Un día pero, el chamán con el que me encontré por casualidades disfrazadas de la vida, me dijo: «hasta que no te responsabilices al 100%, hasta que no liberes a tus padres y aceptes que todo tu dolor es tuyo, yo ya no voy a recibirte más.» Me dolió. Me sentí de nuevo abandonada. Volví a sentir eso que guardaba latente en mí desde hacía muchos años: «Nadie puede ayudarme, yo no tengo solución».

Llegué a casa y me tiré en el sofá. Me quedé en silencio más tiempo del que después el reloj marcaba. Con los ojos cerrados, respirando profundamente y con las manos en mi pecho, estallé en un llanto desconsolado. Sentía que no me quedaba otra. Él tenía razón. Hasta con mi proceso de cambio quería controlar yo que sí y que no entraba. Lo llamé y tardó más de dos días en cogerme la llamada. Me contestó con una pregunta: ¿Te comprometes contigo mism@ al 100%? Quedamos al día siguiente.

Me explicó que todo lo que de pequeña había deducido que estaba o no aceptado en mi sistema familiar llevaba implícito el amor que merecía o no. Es decir, que en mi inconsciente quedó grabado que el precio que debía pagar por recibir amor en mi casa era ser como se suponía que, pero que ni mi padre ni mi madre me habían dicho esto jamás. Yo, de pequeña, lo había interpretado así, como ellos lo habían aprendido también inconscientemente de mis abuelos. Mi lucha con ello no permitía la trascendencia. Mi inconsciente guardó cápsulas para adaptarse al entorno y reprimió todo aquello que dedujo que podía llevarme al rechazo del mismo. Y de ahí, se creó mi identidad, mi ego; reprimiendo todas esas partes de mi misma, guardándolas en mi sombra.

Mis impulsos pero eran tan fuertes y dolían tanto, que luchaba contra ello. Trabajar con mi infancia y mis padres era la única forma de vivir en paz. ¿Cómo vas a vivir en armonía y feliz si te pasas cada minuto de tu vida luchando? Ahí me dejó por primera vez sin palabras. Empecé un proceso de aceptación, perdón, comprensión, agradecimiento y atención muy profundo. Eran los 5 pilares por los que pasé para integrar y liberar todo ese dolor que se había enquistado en forma de muro, en forma de bomba en mi interior.

Durante el proceso llore mucho, de echo, lloré como nunca antes me había permitido hacerlo. Fue convirtiéndose de doloroso a liberador. De aterrador a poderoso. Dejar de culparlos fue una de las piezas más clave en mi camino. Comprender que había detrás de todo lo sucedido, un regalo. «Ellos solo querían…». Esta frase me ayudó muchísimo a entender que detrás de cada acto y comportamiento hay una intención positiva que lleva un valor importante para la persona, algo que consigue que es muy importante para su supervivencia, anclado en su mapa mental.

Descubrí también que todo ello habían sido tan solo experiencias y que la vida estaba conformada por miles de ellas, «solo es una piedra o diamante más en mi aprendizaje». Halle también el poder que tenía el agradecimiento y sobretodo lo importante que era vivir desde mi centro, desde una mente atenta en el aquí y ahora.

Y sí, no fue para nada un sendero de rosas, pero como dice Joaquín Sabina en una de las canciones que me dedicó mi padre: «que no te vendan rosas sin espinas». Aunque duela, vale todas y cada una de las penas.

¿Porque nunca nada es suficiente? Descubre la puerta a tu libertad emocional

Como muchos de los constructos mentales y asociativos que hemos ido construyendo y adquiriendo durante nuestro desarrollo, descubrí que la palabra gracias, era más carente que plena. ¿Cuando me siento agradecida? Todo estaba sujeto a recibir, conseguir y obtener algo. Es decir, al tener y al hacer.

Cuando leí por primera vez la importancia del agradecimiento en nuestra vida, como energía y valor de la felicidad y la libertad, me quedé a cuadros. De echo, cada descubrimiento en mi camino de auto indagación, conocimiento, sanación y desarrollo; producía explosiones en mi mente, escalofríos en mi cuerpo y sensaciones de felicidad, que no recordaba haber experimentado de esa manera nunca.

Si por un momento cierras los ojos y piensas en un momento de tu vida por el que estás agradecid@, y lo revives aquí y ahora ¿Qué puedes sentir? Tod@s me responden lo mismo: una sensación de satisfacción, de plenitud, de todo está bien, de paz, libertad emocional y felicidad. Aunque son palabras, la sensación suele ser la misma. Una sonrisa, una alegría y una respiración bien profunda. El agradecimiento está totalmente relacionado con la satisfacción. De hecho, nos sentimos agradecid@s cuando algo/alguien «nos llena». Así hemos relacionado esta sensación, y la verdad, va muchísimo más allá.

Gracias por este regalo, gracias por este favor, gracias por tu compañía, gracias por tus palabras, por tu presencia, por lo que sea. Esto hace que nuestra satisfaccion quede totalmente ligada a algo. Y de aquí, es de dónde nace realmente esta sensación que el 99% de la población occidental experimenta: «nunca nada es suficiente». Atribuir la satisfacción a la obtención de algo es convertirnos en esclavos del tener y del hacer. De esta forma es cómo hemos atribuido la búsqueda de la felicidad a la constante productividad. Olvidamos que lo que realmente queremos es sentirnos bien con nosotros en el momento que buscamos que esta sensación venga de fuera.

Lograr sentirnos agradecid@s sin nada a lo que atribuirlo es todo un reto, y a la vez, es la puerta más grande a tu libertad emocional. La puerta a tu paz. La puerta a la verdadera felicidad, esa que sólo puede existir aquí y ahora en ti, dentro de ti. ¿Y, como puedo lograr eso? Me suelen preguntar. Bien, vamos allá.

Nuestra mente inconsciente funciona por asociaciones. Tu concepto y significado de agradecimiento está asociado a diferentes cosas. La parte mágica es que al revivir una de esas situaciones y cosas en las que sentiste agradecimiento, tu mente lo vive como si estuviera sucediendo ahora; ya que nuestro inconsciente es atemporal. Puedes utilizar tus recuerdos para traer esa sensación aquí y ahora. El siguiente paso es desasociarte poco a poco de esa cosa o situación que te provocó dicha sensación de gratitud y mantenerte atent@ a seguirla sintiendo sin ninguna imagen en tu mente. Concentrarte 100% en esta sensación.

Al principio, puede que te dure segundos o que ni si quiera te des cuenta de ello. Con la practica, irás consiguiendo alargar el tiempo de esta sensación de plenitud, agradecimiento, paz y felicidad, sin ningún tipo de estimulante, de porqué. A medida que vayas practicando, y con diferentes técnicas de anclaje como puede ser apretarte el dedo gordo de tu mano izquierda o cerrar los ojos y repetirte mentalmente gracias; sentirás esa sensación sin motivo alguno.

Esto, consecuentemente, te llevará a disfrutar del proceso en vez de buscar ese resultado pastillero de placebo que te dura unos instantes, y que te acaba metiendo en esa rueda eterna del hacer y del conseguir para sentirte bien unos instantes e insatisfecho de nuevo. Tu felicidad dejará de estar sujeta a «algo/alguien» y proyectada en el futuro. El ahora, será tu momento.

Al fin y al cabo sólo existes en este efímero instante… ¡Estás viv@! Y eso, es el verdadero agradecimiento… ser. Ser tú, aquí y ahora.