¿Cómo acabar con el «mañana empiezo»?

¿Cuantas veces tus «mañana lo hago» han acabado siendo nunca jamás? ¿Sabes porqué? Si te (han) has etiquetado como vago e irresponsable por ello y te sientes frustrado y enfadado contigo mismo, pon fin desde hoy, ahora mismo, a esto.

Primero, es esencial comprender porqué nos sucede esto. ¿Porque 1 de cada 4 personas dejan para mañana lo que quieren y desean hacer hoy? No es más que otra forma de autosabotaje. ¿Y porque nos saboteamos? Porque en última instancia, la intención positiva raíz de hacer lo que hacemos, es sobrevivir. ¿Cuál es la forma «más segura» de sobrevivir? Sentirnos en lo familiar, conocer quién, qué, dónde, cuándo y cómo. Sentirnos en control. Lo que a moda de desarrollo personal se llama «zona de confort».

¿Y quién se encarga de crear esta zona de confort desde que nacemos? Nuestro cerebro. Obviamente, ahí está la clave. El cerebro filtra en función de lo que TU DECIDES prestar atención. ¿Y cómo puedo yo decidir a qué prestar o no atención? ENTRENANDO TU MENTE. Entrenando tu consciencia. Entrenando tu aquí y ahora. Conectando contigo.

Por tanto, el PRIMER PASO es que decidas a qué quieres prestar atención. Qué es aquello que quieres y deseas. Para ello, lo mejor que puedes hacer es tener momentos contigo. Y no; no me refiero a ver la casa de papel en Netflix, leer, estudiar, tomar café, estar en las redes sociales… no. Dejar de hacer. Simplemente estar, físicamente, emocionalmente y mentalmente contigo. Sentarte en silencio contigo y ser consciente de tu respiración, habitar tu cuerpo y ocuparte de qué sientes. Éste, es el mejor regalo que puedes hacerte. Y no solo a ti, también a los que te rodean.

Una vez empieces a sentir qué es aquello que te mueve por dentro, que te hace sentir vivo y que no; el SEGUNDO PASO es escribirlo. Nuestro cerebro es muy complejo pero su forma de actuar es simple. Por tanto háblale de forma clara. Escribir, vacía espacio de información en la mente, concreta y ordena ideas. ¿Qué es aquello que si empezarás a hacer hoy, te haría sentir mejor contigo mismo? Aquello que has dejado siempre para mañana, aquello que sabes que te ayudaría a estar más cerca de lo que deseas en tu vida.

El TERCER PASO, es el que marcará tu éxito (el que para ti sea) en tus objetivos o tu aprendizaje para darte cuenta si realmente son o no son tuyos éstos objetivos, si realmente te gusta o no, si necesitas un acompañamiento, una guía para trabajar patrones y creencias. Pero, el único fracaso es no dar el paso. Empieza. Este es el paso más importante. Y aquí, en este punto, es dónde se pone en marcha todo.

No tengo tiempo. Me dolía la cabeza. Voy muy cansado. Me agobio. No puedo dejar de hacer aquello otro. ¿Más? Seguro que alguna es tuya. Bueno, pues estás de «suerte». Te presento una de las dinámicas más simples y más transformadoras a la vez, que acabó con mi «me faltan horas, es imposible» y lo convirtió en «me comprometo conmigo».

La Super Acción Mínima

Consiste en escribir una acción mínima de entre 5 y 20 minutos para cada meta que tengas, para cada hábito que quieras cambiar, para cada «mañana empiezo». Más que no hacer nada, una acción mínima es suficiente. De hecho, es más que suficiente. El cerebro lo empezará a registrar como algo esencial en ti, algo que tiene que hacer si o si. Y poco a poco irá filtrando más que una accion mínima, convirtiéndolo así en un hábito. Por ejemplo, si mi meta es escribir un libro, me puedo marcar escribir cada día 10minutos antes de desayunar, y pase lo que pase,lo haré. Si mi meta es hacer ejercicio cada día, me puedo fijar 8 minutos de circuito tabata por la mañana, si o si.

Todo viaje, empieza por un paso, por muy pequeño que sea.

 

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¿Qué tipo de robot eres tú?

¿Quién sabe mejor que tu lo que es o no para ti? Desde muy pequeños aprendemos las reglas del juego. Unas reglas que son de todo menos descriptivas. De hecho imitamos, deducimos, interpretamos y sobretodo vivimos hipnotizados, alucinando en cada escenario de nuestra vida.

El cerebro es vago. Vago y simple. Su objetivo, hacer lo mínimo para ahorrar energía. Quiere sobrevivir. De modo que de los 11 millones de bits de información que capta a través de nuestros sentidos cada segundo, se queda con máximo treinta. Y, ¿cómo los selecciona? A partir de toda la estructura mental de nuestro subconsciente. Si señores, el 95% de todo lo que vemos, pensamos, sentimos, decimos y hacemos, está programado.

Ahora, ¿qué tipo de robot quieres ser? De momento, hasta no ser consciente de ello, eres una máquina social. De ahí que te sientas, cada vez con más frecuencia, perdid@ y desconectad@. ¿Te sirve el famoso consejo de tu amigo del «no te ralles»? O ¿Solucionan tu(s) problema(s) esas compras o cervezas?

¿Te has planteado alguna vez qué hay detrás de esa sensación de vacío? O ¿porqué te desmotivas con tanta facilidad? ¿Porque tus «mañana empiezo» se convierten en nunca jamás? Bien. Vayamos a la raíz. Tú, eres único. Eres un ser bioindividual. Aunque todos tengamos estómago, ninguno digerimos igual nuestras situaciones. Aunque todos hayamos vivido momentos de felicidad, ninguno podemos sentir exactamente lo que sintió el otro.

¿Qué es lo que a ti te mueve? ¿Qué es lo que a ti te disgusta? Todos tenemos nuestra mochila. La mayoría, una que apenas nos deja andar con energía y vitalidad. Está llena de trastos, de parches, de emociones de piedra y de piedras conceptuales. Deberías, juicios, culpa, miedos, vergüenzas, razones y creencias.

¿Has mirado alguna vez qué llevas en tu mochila? ¿Te cuestionas qué metes cada día dentro y de quien? Ponle el nombre que quieras, pero a lo que yo llamo mochila, reglas del juego o alucinaciones; no es más que el mapa que tenemos y que nos guía, o mejor dicho, permitimos que nos guíe en nuestro día a día.

¿Y, qué contiene este mapa? Podríamos decir a quién también. Saludos, mamá y papá, profesores, compañeros de escuela, amigos, entrenadores, médicos, nutricionistas, famosos, modelos, exparejas y parejas, medios de comunicación, jefes, etc. Bienvenidos y bienvenidas a todos los que nos han rodeado desde que nacimos, y los que lo siguen haciendo. Maestros difrazados.

No. Ellos no son culpables de nada. Ellos también tienen su mapita. Tu, por supuesto, tampoco lo eres. De hecho te invito a que elimines esta palabra de tu vocabulario, de tu diálogo interno de autosabotaje, y la sustituyas por responsabilidad. En última instancia, eres tú, quién decide. A veces, no directamente, pero siempre tienes la opción de por lo menos, quedarte en esa casilla del juego y decidir cómo seguir avanzando.

Somos muy poderosos, pero cedemos este poder cuando apuntamos fuera. Nueve de cada diez personas afirma que sus decisiones depenen más de factores externos que de si mismo. ¿Eres este uno restante? O mejor dicho, ¿estás en el camino de serlo?. Nadie es tu. Descubre qué es para ti, qué va contigo, qué te hace vibrar, brillar y moverte. Atrévete a apostar por ti. Sé tú.

 

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